En la
lectura Del libro segundo de Samuel nos habla del pecado de David. Al cargarse de poder, perdió el
rumbo de su vida y reino. Quiso usurpar todo poder, quedándose con la mujer de
su mejor amigo. El mismo David entendió cuál sería su castigo: la muerte. El
señor le perdona la vida, cómo se lo dijo el profeta Natán, y también le
perdonó el pecado, pero las consecuencias no pudieron detenerse. Este desliz
que tiene David provocó la desestabilización de su dinastía. Todos sus hijos
querían ocupar su lugar, entre intrigas, traiciones y engaño. El poder, como el
dinero y la fama corrompe, y David había adquirido las 3 cosas. Se olvidó de su
origen, de su misión de ser servidor.
2 samuel
12,1-7.10-17

No hay comentarios:
Publicar un comentario