EL EVANGELIO PRESENTA UNA NARRACION APOCALIPTICA, no
de desastre, sino de revelación. La humanidad siempre está pendiente del fin
del mundo y hay muchos que se aprovechan de la ignorancia para llenar sus arcas
de dinero. Jesús se rehusó a dar fechas y lugares del fin de la historia, que
de una u otra manera llegará. ¿Por qué? Porque para el Señor venimos de Dios y
vamos hacía el, entonces no nos quiso hablar del fin, sino de finalidad. Como
padre, Dios quiere que todos sus hijos estén con él, en todo momento y no sólo
cuando estamos al borde de una situación difícil. ¿destruir el mundo? No, lo
hará porque Dios no quiere deshacerse de lo que ha salido de sus manos. ¿una
transformación? Si, una manera distinta de vivir, donde todos reconozcan que
JESUS ES EL SEÑOR y toda lengua proclame su nombre. Hay que tener presente el
futuro, pero no vivir en él y por él. Es el presente el que cuenta y lo que
determinará nuestra vida a futuro. Lc. 21,5-11